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El poder de la amistad


Carlos era un chico bastante tímido, solitario y muy aplicado en los estudios. Su padre tenía un trabajo que le obligaba a mudarse de ciudad cada poco tiempo por lo que Carlos tenía que cambiar de colegio a menudo. Esa era la razón por la que no tenía amigos, no pasaba el suficiente tiempo en un sitio como para integrarse en un grupo.

Ahora tenía ya 15 años y estaba pasando por una mala época. En su anterior instituto se había convertido en el blanco de las burlas de todo el mundo y habían llegado incluso a amenazarle y pegarle alguna paliza. Era “el rarito“, “el empollón“. Carlos tenía la esperanza de que en el nuevo instituto en el que acababa de entrar las cosas fueran distintas, pero se equivocaba. El primer día de clase fue horrible, los chicos se estuvieron riendo de él toda la mañana.

Al llegar la hora de irse, recogió todos los libros, los metió en la mochila y se dispuso a regresar a casa, pero a la salida le estaban esperando sus compañeros. Le pusieron la zancadilla por lo que Carlos acabó en el suelo con todos los libros esparcidos a su alrededor, y después de estar insultándole un buen rato finalmente le dejaron solo. En ese momento tan humillante para el apareció un chico de su edad, se llamaba Antonio y le pidió perdón por no haber evitado que le tiraran al suelo. Quizá fuera solamente por pena pero Antonio se quedó un rato hablando con él. Le preguntó que de dónde era, dónde vivía ahora y qué planes tenía para el fin de semana. Carlos no tenía planes, por lo que Antonio le invitó a ir con él a un partido de fútbol que se disputaba ese sábado en la ciudad. Ese fue el comienzo de una gran amistad.

En buena parte gracias a su nuevo amigo, poco a poco Carlos dejó de ser el rarito y de sentirse tan desplazado. Podría decirse que era un chico normal y corriente pero seguía siendo muy estudioso. Acabó la educación secundaria y empezó la carrera de medicina, la cual sacó de manera brillante. Aunque tuvieron que permanecer mucho tiempo separados, la amistad entre Carlos y Antonio no se perdió, estudiaban diferentes carreras en ciudades alejadas pero seguían llamándose y hablando de vez en cuando.

Llegó el momento de graduarse en la Universidad y el instituto organizó una gran celebración a la que estaban invitados todos los antiguos alumnos. Fue precisamente a Carlos al que le tocó dar el discurso de conmemoración para todos los asistentes, ya que era el que mejor expediente académico tenía. El discurso de Carlos dejó a todos con la boca abierta, especialmente a Antonio, porque nadie se esperaba la historia que iba a contar.

Lo que Carlos contó fue que estudiar era muy importante en la vida, pero había algo que lo era aún más y que a él le había salvado la vida: la amistad. En el momento más difícil de su vida había aparecido una persona que había conseguido literalmente salvarle. El día que entró en el instituto tenía planeado suicidarse, la decisión no la había tomado a la ligera sino que estaba perfectamente pensado.

Decidió llevarse todos los libros a casa para que, una vez que él hubiese muerto, sus padres no tuvieran que pasar por el mal trago de volver al instituto a recogerlos. Sin embargo hubo una persona que consiguió que no ocurriera lo inevitable, que le tendió la mano y estuvo a su lado. Ese amigo fue la única razón de que él aquel día no se quitara la vida y le estaría eternamente agradecido.


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