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El rosal y el caracol


El siguiente cuento corto habla de la alegría de vivir.

Era una mañana espléndida cuando el sol se levantó en la alto, brindándole a las flores del campo toda su luminosidad. El caracol, cargando con su caparazón a cuestas de deslizó hacia un rosal que yacía cubierto de rocío.

rosal

-¿Sabes? He estado pensando-le habló mientras se movía con lenta monotonía-. Todo el tiempo estas aquí, plantado en el mismo lugar. Floreciendo en primavera y perdiendo tu esplendor en el invierno, para luego volver a repetir el mismo ciclo. ¿De que te sirve dar tantas rosas tan bonitas, si lo único que haces en el mundo es quedarte quieto y dejar que todos se lleven tus flores? No evolucionas, no das nada extraordinario a cambio de tu existencia. Pronto te marchitarás y el mundo se olvidará de que alguna vez estuviste aquí.

-Tus palabras me causan algo de inquietud-respondió el rosal-. Sin embargo, ¿qué le has dado tú al mundo? Es una lástima que seas tan inteligente y solo vayas de un lugar a otro, pensando y pensando, pero nunca llevando las cosas a cabo. Estás desperdiciando uno de los dones más preciosos que se pueden poseer: la inteligencia.

-El mundo no significa nada para mí-replicó el caracol con antipatía-. Yo solo vivo para mí mismo, y así será hasta que llegué el día en que me funda con la tierra.

-Es tan triste lo que acabas de decir-dijo el rosal-. Quizá yo no logré nada más que ofrecer mis flores a los viajeros, pero trataré de vivir alegremente día a día, saboreando las gotas de la lluvia sobre mis pétalos y sintiendo emoción cada vez que alguien sea feliz con una de mis flores, hasta que cesé de existir.

El caracol se metió en su caparazón ensimismado. Con el tiempo, dus predicciones se volvieron reales y el rosal se marchitó, pero en su lugar crecieron otros que continuaron llenando de belleza los campos y mostrando la felicidad de vivir.


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